Mark y un equipo de ingenieros de software, mecánicos y eléctricos trabajaban para combinar nuevo software con electrónica y mecanismos diseñados a medida. Tegan, la project manager, tenía un MBA y certificaciones como CAPM y PMP, pero no contaba con experiencia real en el mundo laboral.

Como no podía responder con claridad a las preguntas técnicas y solo ofrecía respuestas vagas y de tono corporativo, los ingenieros intentaron sortearla para que el proyecto siguiera avanzando. Sin embargo, la dirección insistió en que Tegan siguiera siendo la principal responsable de decisiones y el contacto central. Al final, el proyecto se estancó, porque ella no podía tomar decisiones útiles ni dar respuestas provechosas.

El punto más bajo llegó con un correo en el que Tegan decía al equipo que estaba "estreñida" respecto a cada asunto y que avisaría cuando hubiera "movimiento". Ese mensaje se convirtió en una broma recurrente entre el personal. Tegan dejó la empresa y fue sustituida por Pam, trasladada desde otro departamento, que aunque no era excepcional sí tenía la capacidad de comunicación necesaria para poner todo en marcha otra vez.