Evan Meagher analiza cómo las analogías conocidas ayudan a explicar asuntos difíciles y qué información queda fuera de ellas. Presenta la comparación entre el voltaje y la presión del agua como un recurso didáctico eficaz. Toda abstracción elimina detalles del fenómeno que pretende aclarar.

El artículo examina la afirmación de que la conciencia es una computación ejecutada por el cerebro. Las neuronas intercambian señales eléctricas y químicas en respuesta a estímulos. Los sistemas informáticos actuales reproducen esos procesos con buenos resultados. Llamar ordenador al cerebro puede volverse circular, porque el modelo funciona como un mapa del territorio y sus límites quedan ocultos.

Las épocas anteriores recurrieron a sus tecnologías más avanzadas para describir el cerebro. Hubo comparaciones con redes telegráficas y mecanismos de relojería. En el siglo XVII, René Descartes relacionó algunas funciones cerebrales con relojes, máquinas, la hidráulica y el movimiento de fluidos. Meagher interpreta esta sucesión como una muestra del desarrollo conjunto de la ciencia y la tecnología. También la presenta como una advertencia: el modelo informático puede resultar tan parcial como los modelos anteriores.