Un envío anónimo a The Daily WTF relata una etapa como contratista al final de su carrera que no llevó a ninguna parte. Fue reclutado por sus conocimientos especializados de software con un sueldo que le pareció espectacular, y pasó su primer día siendo enviado a casa porque la incorporación tardaría semanas.

Su entrevistador, llamado Fred, le encargó la primera tarea: un análisis matemático del programa central y más rentable de la empresa, para entender qué hacía y poder reescribirlo quizá en un lenguaje más moderno. Justo cuando iba a presentar sus conclusiones, Fred murió de repente. En la confusión posterior, los contratistas quedaron olvidados.

Durante unos dieciocho meses fue ignorado. Aprovechó el tiempo para construir un entorno de desarrollo con el que trabajar en partes del programa, sentado junto a un compañero que criticaba a los jefes de forma constante y en voz alta. El jefe que lo heredó le asignaba el poco trabajo con hostilidad abierta, y los intentos de introducir automatización no eran bienvenidos entre la plantilla veterana.

Finalmente lo despidieron y ahora pasa sus últimos años antes de la jubilación como cartero. Concluye advirtiendo que morir de agotamiento en el trabajo no es un caso aislado y que nadie está a salvo de ello.