El Xerox Alto, construido en Xerox PARC a principios de los años 70, introdujo buena parte de la informática actual: interfaz de escritorio con ratón, procesador de textos WYSIWYG, correo electrónico entre máquinas en red e impresoras láser compartidas en la oficina. Un vídeo de [Ctrl+Alt+Fail] recorre la historia de la máquina, desde su presentación hasta su ocaso, y se pregunta por qué hoy no usamos todos ordenadores Xerox.
El hardware no era barato: las primeras unidades costaron unos 12.000 dólares de fabricación en 1973 — unos 90.000 dólares actuales, o, como apunta el artículo, unas 96 onzas (2,7 kg) de oro. El ordenador en sí era un mueble del tamaño de un archivador bajo el escritorio; encima solo estaba el monitor. Aun así, el coste no fue el problema decisivo, pues los modelos posteriores habrían sido más baratos.
El verdadero problema fue que Xerox se negó a vender el Alto en los años 70. La dirección veía en la oficina sin papel una amenaza: un ordenador vendido una sola vez no generaba cuotas mensuales de servicio ni ingresos por tóner, tambores y consumibles que hacían tan rentables las copiadoras. Tras perder ya millones en la informática de gran formato, Xerox medía cada decisión por sus ingresos proyectados, y el Alto no parecía rentable.
En total solo se construyeron unas 2.000 unidades. Quienes no tenían un imperio que proteger — sobre todo Steve Jobs, cuyo Lisa y Macintosh se inspiraron en el Alto — tomaron las ideas y las explotaron. El vídeo sostiene que no fue simple miopía, sino una lógica de consejo coherente en su contexto, lo que lo hace recomendable. Hackaday remite además a artículos previos sobre la restauración de un Alto, un fallo de electromigración que casi destruye uno, y por qué minar Bitcoin con un Alto es mala idea.
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