Investigadores de la IMT School for Advanced Studies Lucca, en Italia, aplicaron procesamiento de lenguaje natural a más de 3.700 relatos de sueños y experiencias de vigilia recogidos de 287 adultos. Conclusión: el cerebro dormido no es ni una grabadora ni un generador de ruido aleatorio. Los sueños parecen recombinar recuerdos, emociones, lugares familiares y escenarios imaginados en construcciones nuevas.

El estudio, publicado en Communications Psychology, combinó dos semanas de diarios de sueños y experiencias diarias con datos sobre personalidad, calidad del sueño, capacidades cognitivas y rasgos psicológicos de los participantes. El NLP sirvió para comparar la estructura semántica de los relatos despiertos y oníricos. Escenarios cotidianos como oficinas, hospitales y aulas aparecían mezclados con lugares ajenos, perspectivas cambiantes o entornos desconocidos, y distintas partes de la vida de una persona se fundían en una sola escena.

El contenido onírico también variaba según los rasgos: quienes divagan mentalmente con frecuencia relataron sueños que saltaban rápido de una escena a otra, mientras que quienes atribuían significado personal a los sueños describieron experiencias más vívidas e inmersivas. La comparación con relatos recopilados por un equipo de la Universidad Sapienza de Roma durante los confinamientos por COVID-19 mostró más referencias al encierro, barreras, restricciones y emociones intensificadas: la pandemia se filtró directamente en el corpus onírico.

Según la autora principal, Valentina Elce, los sueños son un proceso dinámico moldeado por la identidad y lo vivido, no una simple repetición del pasado. Las evaluaciones del pipeline de NLP coincidieron estrechamente con las de revisores humanos independientes, lo que sugiere que el método podría ahorrar a futuros investigadores la tarea de codificar a mano miles de relatos de sueños.

Persisten las salvedades: el trabajo depende de que la gente recuerde y describa sus sueños con fidelidad, y no explica por qué soñamos. Tampoco explica por qué el subconsciente sigue programando exámenes para los que nunca se estudió.