Un ingeniero de software retoma el cuento folclórico estadounidense del siglo XIX de John Henry, el obrero "steel-driving" que compitió contra una perforadora de vapor para demostrar la superioridad humana, ganó y murió por el esfuerzo. Traslada la historia a la era de la IA: Boris Cherny, creador y jefe de Claude Code en Anthropic, afirmó que "coding is largely solved" — la máquina de vapor entrando al túnel, según el autor.

El autor programa desde mediados de los años 2000, profesionalmente desde 2010, y admite sentir el mismo temor al ver a un LLM producir en segundos un script de Python que a él le habría costado una hora. Aun así, considera que el código generado es en general inferior al de humanos cualificados — en parte porque comunicar requisitos también confunde a los humanos (para eso existe la gestión de proyectos) y en parte por límites técnicos como las ventanas de contexto. Aun así, lo "suficientemente bueno" tiene su lugar: esqueletos para refinar, scripts de un solo uso, y a veces código exactamente como él lo habría escrito.

Su punto medio propuesto es la calidad: un desarrollador experimentado usa la IA como multiplicador de fuerza para producir el mismo nivel de código, más rápido. Si el proceso importa más que el resultado, la IA no es para ti; si necesitas completar una tarea, ayuda — pero la revisión de código sigue siendo imprescindible, porque el código humano descuidado también llega a producción sin revisar.

En perspectiva amplia, sostiene que la mecanización redujo históricamente el sufrimiento humano: las máquinas asumieron la excavación de túneles y el trabajo agrícola que destruía cuerpos, liberando a las personas para trabajos menos desgastantes. Reconoce los costes reales e inmediatos del desempleo por automatización y el agravio legítimo de los trabajadores cuyas obras entrenaron los modelos que ahora compiten con ellos — prevé un ajuste de cuentas estilo Napster sobre los datos de entrenamiento.

La observación más aguda del ensayo trata sobre el final del cuento: John Henry ganó su duelo y no sirvió de nada — el ferrocarril C and O siguió circulando, y su memoria sobrevive solo como folclore a bordo del éxito de la máquina. El ingeniero que rechaza la IA por principio para superar a la máquina libra el mismo duelo simbólico — y los duelos no mueven industrias. La utopía del autor — máquinas que algún día asuman todo el trabajo necesario para que los humanos vivan libres — no llegará por sí sola; como la jornada de ocho horas, habrá que luchar por ella. Solo que no cree que esa lucha se parezca a un duelo.