El artículo parte del reciente incidente de seguridad en Hugging Face para plantear una crítica más profunda sobre la arquitectura del software. El autor rastrea el diseño del sistema de archivos hasta la era de las tarjetas perforadas y las cintas magnéticas, señalando que el término 'archivo' proviene de los archivadores físicos usados antes de que existieran las computadoras. Dado que los sistemas operativos se diseñaron para ejecutar programas y no aplicaciones, cualquier acceso a nivel de sistema operativo abre inevitablemente el camino a los datos subyacentes almacenados en disco.

El autor retoma el concepto de hace unos 35 años de 'base de datos gruesa', en el que toda la lógica de la aplicación y los datos, tanto estructurados como no estructurados, residen completamente dentro de la base de datos. En este modelo, los datos solo pueden alcanzarse atravesando la capa lógica de la base de datos, lo que reduce la superficie de ataque a un único punto: las credenciales del administrador de la base de datos.

El mercado optó en cambio por la arquitectura de n niveles, que según el autor vuelve a exponer los datos a compromisos a nivel de sistema operativo, ya que el acceso al sistema de archivos y al sistema operativo puede eludir por completo la lógica de la aplicación. La tesis central: la seguridad real exige forzar todo acceso a los datos a través de una lógica auditada y controlada, en lugar de dejarlos accesibles mediante el sistema de archivos, y el modelo de base de datos gruesa logra esto de una manera que las arquitecturas de n niveles no consiguen.