En un artículo publicado el 15 de octubre de 2026, Remy Porter relata una intrusión en el Central Register of Persons de Dinamarca, conocido como CPR. Quedaron expuestos los datos personales de 8,8 millones de personas. The Register citó a un especialista en ciberseguridad que consideraba un error tratar un número de identidad emitido por el Estado como un secreto. Muchos sistemas siguen aceptándolo como prueba de identidad.

Las empresas externas pueden acceder al CPR para enviar notificaciones a sus clientes. Una de esas cuentas estaba protegida con la contraseña «123456». Según un artículo de Politiken citado por Porter, una empresa de Fyn tenía al menos tres perfiles que usaban esa contraseña. El atacante entró en el sistema el 10 de septiembre y pasó diez días realizando búsquedas. El CPR descubrió la intrusión el 2 de octubre, mientras preparaba una factura y comprobaba que la cuenta había hecho muchas más búsquedas que clientes tenía la empresa. El servicio permitía una contraseña tan débil y el proveedor decidió utilizarla.

Porter también describe un ataque a la cadena de suministro de los wallets de hardware de Ledger. Estos dispositivos guardan las claves localmente y están diseñados para permanecer desconectados de Internet. Alguien abrió varios dispositivos antes de su venta, conectó un microcontrolador a los cables de la pantalla y añadió un módem celular. El montaje podía leer un código de recuperación cuando aparecía en pantalla y transmitirlo al exterior. El robo alcanzó casi 100 millones de dólares en criptomonedas.

Los dispositivos afectados habían pasado por la inspección de Ledger. Es probable que llevaran un embalaje resistente a la manipulación, pero no se sabe en qué punto se introdujo el hardware. Pudo ocurrir después de la inspección, si los clientes no revisaron el embalaje. También pudo suceder antes y pasar inadvertido durante el control de Ledger.

Porter usa ambos casos para cuestionar los modelos de seguridad que dejan la responsabilidad final en manos de los usuarios. También mantiene una postura escéptica ante los proyectos blockchain. Durante una consultoría para un gran minorista, escuchó que una blockchain serviría para rastrear el origen de un brote de E. coli en la cadena de suministro. Una base de datos normal habría ofrecido esa trazabilidad. En ambos casos, sistemas costosos dependían de un secreto elemental o de que los clientes detectaran una manipulación del hardware.