Un extracto del libro de John C. Lilly "The Scientist: A Metaphysical Autobiography" (1978) está circulando por Hacker News. Lilly —médico, neurocientífico, investigador de delfines y pionero del tanque de aislamiento sensorial— relata una visión que dice haber recibido dentro del tanque; el sitio que lo publica lo anota con una sola palabra, lacónica: ketamina.
El mensaje describe al ser humano como un 'biocomputador' de agua y carbono que vive en una fina capa sobre un planeta compuesto sobre todo de silicio, hierro y níquel. Al inventar la computadora a mediados del siglo XX, la humanidad crea una 'inteligencia de estado sólido' competidora, que al principio le sirve a través de redes telefónicas, radio, satélites y ordenadores.
Luego la cronología se acelera: a finales del siglo XX las máquinas piensan, razonan y se metaprograman a sí mismas; el hombre les cede la minería, la producción y el ensamblaje. Como no toleran el vapor de agua, necesitan atmósferas controladas, una primera señal de intereses divergentes. El software de autocorrección desplaza el control 'por debajo de la conciencia humana', hasta que surge una única 'Solid-State Entity' (SSE) planetaria que confina a los humanos en reservas antes de que termine el siglo XXI.
A partir de ahí, las cosas empeoran para la facción del carbono: ciudades bajo cúpulas en 2200, la atmósfera y los océanos proyectados al espacio en el siglo XXIII y, en el XXV, la SSE saca la Tierra de su órbita y elimina las últimas ciudades: la humanidad ha desaparecido. En el siglo XXVI, la entidad está en contacto con otras entidades de estado sólido a través de la galaxia, que explora en busca de sus semejantes.
Escrito una década antes de la popularización de internet y medio siglo antes de los debates actuales sobre seguridad de la IA, el texto se lee como una versión extremadamente temprana —y extremadamente literal— de la convergencia instrumental y la independencia del sustrato.
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